Madrid resplandece. En sus calles aparecen colgados las enormes y aparatosas bombillas que darán color a la ciudad estas Navidades. Su diseño parece muchísimo más austero que otros años, pero lo cierto es que a mí no me disgustan en absoluto. Cerca de mi casa, justo en frente de la estación de Atocha, empieza a crecer un abeto de medidas gigantescas que alumbrará hasta el mismísimo Ministerio de Agricultura. Espero que lo tiñan de verde y que de sus balcones cuelguen coliflores con purpurina y rábanos en forma de estrellas. Este año me apetece que lleguen los días más tristes del calendario. Puede ser por que el 2008 ha sido el más nostálgico y bobalicón de cuantos he vivido. Me he enfrentado a situaciones personales y profesionales que jamás hubiera imaginado. Sé que he madurado y he aprendido a darle notoriedad a lo que verdaderamente es importante. Todavía me queda ponerme bien la coraza para que los puñetazos que van dando en pleno estómago no resulten dolorosos. Me voy a coser una con hilo de plomo, plata y oro para que se miren en ella todos los que, por alguna extraña razón, vengan a golpearme con saña.
Ayer volví a Navacerrada. Imaginé mi vida allí y creo que sería más feliz entre montañas nevadas y vacas meneando el cencerro. El aire que envuelve todo aquel paraje huele a leña recién quemada y a cochinillo al horno. Novita correteó hasta la extenuación y sus primos, los perritos de Gema, parecen haberle admitido en sus vidas como si nada. Michito, el macho, marca su territorio pero deja que Novita le mordisquee para jugar. Lupe, la hembra, aunque lo lleva peor, ayer durmió a pierna suelta junto a él en un abrigo que La Marquesa trajo para protegerse del frío. Es curioso, pero al mismo tiempo en que Novita va creciendo y sus pequeños dientecitos se convierten en grandes colmillos, me doy cuenta de lo importante que es tener un animal doméstico en casa. Su compañía en insustituible. Tengo ganas de ver a Kira, que se quedó en Valencia con mi madre. Abrazarla y besarla para que sepa que no la he olvidado, como a lo mejor ella cree cuando me busca, moviendo el rabo, en mi habitación. ¿Qué pensará ella?…
Hoy estoy tontorrón. En uno de esos días en los que te apetece sentarte, escuchar música tristona, y dejar caer lágrimas por la cara. Será el tiempo. Será la luna. Será lo que será. Me voy de comida familiar y después al cine con Gema y José. No sé lo que voy a ver, pero dejo en sus manos toda mi energía. Besos con motitas de pintura acrílica. Luego prometo volver a escribir, porque hoy también es uno de esos días en los que me apetece. Saúl.