Inseguros

Son las nueve de la noche. Llevo varios días sin escribir porque me ha absorbido, como de costumbre, el trabajo. He estado de un lado para otro y sin descansar. Estoy tranquilo, a punto de irme de puente y con una sonrisa que no quiero borrar. Estoy convencido de querer disfrutar al máximo y de descubrir nuevas experiencias personales. Estos días estoy algo bobalicón porque Novita vuelve a casa por Navidad. No soy todo lo buen padre que debería y el tiempo que tengo para atenderle no es suficiente para que él se sienta cómodo y pueda salir a la calle tantas veces como querría. Me lo llevo a Valencia una temporada, hasta que se haga un poco más mayor y entienda que su padre tiene la vida un tanto desorganizada. Sé que voy a llorar el día de la despedida. No podré olvidar sus pequeños besos ni su impagable compañía cuando, al llegar a casa, conseguía reconciliarme con el mundo. Es curioso pero sé que el necesita sentirse mejor consigo mismo, reír con más frecuencia y reencontrarse con su otra familia, que es la mía. Suerte que mi madre se muere de ganas de volverlo a tener entre sus brazos.

Os he hablado en más de una ocasión de la superficialidad que envuelve el mundo en el que me muevo por trabajo. A veces creo que nadie es quien dice ser y que todos navegan sin rumbo, con el único objetivo de aparentar, lucir y convertirse en una especie de muñeco de plástico sin sentimientos ni emociones. Es muy difícil encontrar a personas que, metidas de lleno en este controvertido submundo de la farándula, lleven escritas las palabras sensibilidad y sencillez en la frente. Anoche, por ejemplo, estuve con mi amigo Diego de la Viuda en un sarao en el que se presentaba una nueva revista de estilo masculino. Sigo sin dar crédito al interminable desfile de maniquís únicamente ocupados y preocupados en llevar perfectamente engominado el cabello, lucir el último tocado o mostrar la carisíma firma del reloj que decoraba su muñeca. Un auténtico mercado de la carne en el que sólo destacaba el envoltorio. Está claro que el físico es muy importante. Y que el sexo es inútil si al otro lado de la cama no hay alguien que con sólo una mirada consiga ponerte cachondo. Pero, desde luego, no lo es todo. He empezado a huir de los cuerpos milimétricamente perfectos porque sí, puedes conseguir una excitación mayúscula, pero si a la hora de la verdad el músculo cerebral se compone de esteroides y ciclos varios, es una auténtica pérdida de tiempo. Un aburrimiento total y absoluto que, personalmente, consigue desesperarme.

Diego, Milena y Saúl    En esta foto con Diego y Milena en la fiesta de anoche en Gran Vía

Estoy absolutamente abrumado con el fenómeno Efrén. Hacía tiempo que no me enganchaba tanto a una historia semejante. Y eso que yo soy un seguidor disciplinado de todos los realitys habidos y por haber. El tal Efrén es un futbolista de un equipo regional que se presentó en un programa de televisión para buscar novia. Tropecientas mil candidatas se tiraron, literalmente, al teléfono para conseguir que el mozarrón les echara un vistazo, cenara con ellas un par de veces al mes y las fuera descartando según sus gustos y aficiones. Pues bien, después de meses de auténtica locura televisiva, Efrén eligió a Soraya, una muchacha de apariencia aleonada, con la recorrió los platós de televisión anunciado que lo suyo era amor verdadero. Las revistas del colorín pararon máquinas y llenaron sus páginas con menciones interminables a este nuevo romance. Pues bien, por arte de birlibirloque, su noviazgo se ha roto en mil pedazos. Parece ser que Soraya le puso los cuernos, una semana después de dar el pistoletazo de salida a su relación, con Carlos Hoya. ¿Y quién es él? Un concursante de la última ornada de Gran Hermano que, a su vez, parecía estar locamente enamorado de Loli, una rubia algo déspota a la que plantaron frente al altar a pocas semanas del enlace. El otro día hablaba yo con Efrén, porque el trabajo manda, y me encontré con un tipo excesivamente crecido y notablemente malhumorado. Cuando me preguntó quién me había dado su “teléfono privado” quise morir. ¡Eso no me lo ha preguntado ni la mismísima Baronesa Thyssen! Me hace gracia, pero no puedo disimular mi indignación, cuando personajes que han brotado a la vida pública por arte de birlibirloque rebuznen cuando se les pregunta por esa vida privada que han aireado por todos los rincones de la televisión. Me pasó también con el otro protagonista de la historia, con Carlos H. Pero él luego me envió un mensaje para disculparse porque colgar a alguien que llama preguntando por un coito que ha llevado al fracaso a lo de ‘los novios de España’ no es de ser educado. Besos entre espinas.

3 Responses

  1. Si piensas que el cambio para Novita es lo mejor, pues no te apenes hombre. Sólo buscas su bien, por lo tanto, la decisión es buena.
    El mundo en que te mueves es algo muy desconocido para mí. quizás ese mundo no sea tal, quizás sólo sea un espejismo de lo que a much@s les gustaría llegar a ser y nunca serán.
    Saludos y déjate caer con algún comentario de vez en cuando por aqui. Eso nos anima.

  2. Muchas gracias Jose María. ¿Sabes qué pasa? Que cuando tomas una decisión de este tipo, aun sabiendo que es lo mejor para Novita, te arrepientes a cada momento. Ahora lo estoy viendo corretear por mi casa de Valencia y me da una pena horrorosa dejarlo aquí. Pero bueno… Por cierto, me ha encantado la definición de mi mundo… un espejismo… pues tienes razón!

    Un besote!

  3. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡me ha encantado este escritoooooooo!!!!!! me fascina tu maenra de plasmar la realidad…..y enhorabuena, sales muy guapo en la foto. Si t veo x madrid ¿puedo saludarte? bso

Leave a Reply