Son las once y media de la noche. El aire acondicionado refresca un ambiente que, en Algemesí, es algo más que bochornoso. Treinta grados en plena noche de verano y parece que mañana Lorenzo apretará mucho más. Pese a que no soporto el calor, decidí venirme a mi casa e impregnarme de ese olor de mi infancia. Embriagarme con la sinceridad de los que me rodean y pensar qué hubiera pasado si nunca me hubiera ido a vivir a Madrid. Me han pasado tantas cosas en este último año que nunca, ni por asomo, hubiera sido capaz de imaginar. A pesar de todo, a veces echo en falta esa vida tranquila y sosegada que decidí transplantar muy pronto. Ahora, durante estos días de descanso en los que he dejado de pensar en las vacaciones de Belén Esteban, me he remojado en el mar con el sonido de los niños montando algarabía. Recuerdo cuando hacía castillos de arena e imaginaba cómo sería vivir rodeado de lujo y excentricidad. Anhelo aquellos momentos en los que, inocentemente, creía ser tan poderoso como para poder solucionar los problemas que inquietaban a los míos con sólo una sonrisa. Hoy recordaba una de mis mejores amigas, una frase que, desde que la escuché, me ayudó a comprender que hay cosas que, pese a que se insista, no dependen de nosotros: si son rosas, florecerán. Reconozco que tengo el corazón en barbecho. Estoy bastante descolocado, la verdad.
Hacía tiempo que no me sentaba a ver la televisión tranquilamente. Anoche, mientras bebía un vaso de fría horchata, estuve viendo una película realmente fantástica en la autonómica de Valencia. Una historia que retrataba, a la perfección, la dependencia que algunas personas tienen a la cirugía estética para intentar curar unos problemas que, más que físicos, son psicológicos. Neus Asensi, que reconozco que nunca me pareció una espléndida actriz, estaba rabiosamente creíble interpretando a una mujer herida que se sentía sola y abandonada. Este filme me ayudó a reflexionar sobre lo importante que es levantarse por la mañana y sentirse a gusto consigo mismo. Y, aunque verdaderamente es difícil no encontrar a alguien con complejos físicos, estoy convencido que sufrimos demasiado por algo tan baladí como nuestro envoltorio. Puede que nuestra sociedad, en la que reina el materialismo y la superficialidad, nos empuje a obsesiones peligrosas como la vigorexia o la anorexia. Es tristemente escandaloso, pero lo cierto es que todavía hay quien menosprecia abiertamente por tener unos quilos de más. He visto a gente derramar lágrimas de sangre. Y todavía tengo ardor intestinal. Me voy a escribir mi columna de mañana. Besos morenos y con la sombrilla a cuestas. Saúl.
Hola querido Saúl. Muchas gracias y ya sabes por qué. Te deseo felices vacaciones. Me has dado envidia con la horchata, ¡Qué rica es!. Te viene bien cambiar de aires, relájate y recibe fuerzas para tu trabajo. Recuerda que todo se pone en su sitio siempre. Un beso cálido con jazmín.
HOLA…
TENGO LA PIEL CANSADA DE LA TARDE….GRIS…TAN GRIS
GUARDO….LOS VERDES…VERDES DE TUS BOSQUES….
LLEGO ..CON RAMAS SECAS A BUSCARTE….Y ASI ES QUE ME VOY…..Y LUEGO TE EXTRAÑO”….
ESO LO CANTABA BETY MISIEGO…..Y ME HA VENIDO A LA MENTE PORQUE ANOCHE TE OI DESPEDIR A ISABEL….Y FUE MUY BONITO…..YO TAMBIEN LA DESPEDI…PERO NO ME SUPE EXPRESAR….
FELICITA A ALMUDENA DEL POZO HOY ES SU CUMPLEAÑOS…..
Y SE BUENO Y FELIZ…..
JUANITO