Domingo dieciséis de mayo. Madrid resplandece después de varios días de lluvias intermitentes y un frío helador. Estas son las primeras líneas que escribo en este diario incandescente después de varios meses de retirada voluntaria. En los altavoces de mi ordenador retumba la versión del “aguas de marzo” de una Soledad Jiménez que he redescubierto gracias a la casualidad. Por la ventana veo jóvenes danzarines que canturrean y beben botellines de agua, al mismo tiempo que otros jadean mientras ejercitan sus cuerpos. Es curioso, pero me acabo de dar cuenta de que las canciones de Soledad nunca me han transmitido lo suficiente, puede que porque nunca le he dedicado el tiempo apropiado o necesario. Llevo toda la mañana escuchándola mientras escribo velozmente mi columna de mañana, que describirá el agrio momento por el que atraviesan Marta Amaya y ‘El Junco’, el que fuera amante en la clandestinidad de la irrepetible Lola Flores. Hoy se cumplen quince años de su terrible desaparición y, aunque no lo parezca, me embarga la tristeza. Y no porque la conociera, sino por todo lo contrario. Es de esas artistas fallecidas a las que me hubiera gustado entrevistar. Estoy plenamente convencido de que me hubiera empapado hasta la extenuación de su fuerza y carisma. Me hubiera dejado penetrar por su arte y su carácter. Lo que son las cosas. Ella, que proyectaba la imagen de un matrimonio feliz, vivía una relación paralela y admitida. Nunca entenderé el motivo por el que no decidió escribir el punto final a su historia con ‘El Pescadilla’ para volar en solitario. Hubiera sido mucho más feliz y, por supuesto, no habría tenido que esconderse para disfrutar del amor verdadero. Ese, que no es necesario demostrar con palabras.
La otra noche, observando desde la ocultación a una pareja recién enamorada, comprendí que no es necesario esculpir en el cielo una perífrasis verbal para demostrar que mueres a chorros de amor por alguien. Recuerdo que la mirada de él tenía vida propia. Sus ojos, medio entornados por el cansancio, parecían gritar un ‘te quiero’ ensordecedor y tierno. Intuyo que, a pesar de la música panderetera que sonaba en el local, ella sólo escuchó las palabras que él jamás pronunció. Dejé de mirar por vergüenza o una timidez que no me corresponde. Todo se transforma con el paso del tiempo.
Por cierto, muchos me preguntáis por el ‘Sálvame’ de mañana. Es lógico pensar que hay nervios frente al cacareado estreno de Gloria Serra en Antena Tres. El suyo es un programa potente, con muchos contenidos y un gran abanico de secciones que recuerdan a los magacines de antaño. Gloria cuenta con un plató precioso y con el ingrediente de lo novedoso. Sin embargo, os aseguro que el ‘Sálvame’ de mañana va a ser inolvidable. Hay muchas sorpresas preparadas, dos entrevistas que os encantarán y, sobre todo, un equipo de profesionales que, desde las ocho de la mañana, luchará para que la audiencia siga entreteniéndose a nuestro lado. Os adelanto que daremos una vuelta de rosca más al mundo del corazón. Se descubrirá lo que, hasta el momento, ha sido una gran incógnita en la famosfera.
Besos casi veraniegos. Saúl.






